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Testimonios de voluntarias

PATRICIA BENITES

"Semillas de Esperanza ha significado mucho en mi vida personal; particularmente en mi crecimiento de amor y dedicación a las personas. Yo estudiaba psicología y desde mi propia carrera descubría la necesidad de acercarme a personas de distintas realidades para poder entenderlas y acompañarlas a todo nivel.

En el trabajo con ellos me di cuenta que no necesitaba de tantos conocimientos para poder acompañarlos, sino que bastaba con mi dedicación, amor, paciencia y plena confianza. Y, que además, recibía mucho más de lo que yo sencillamente les daba.

Semillas es un proyecto maravilloso, ya que los niños que participan descubren sus talentos, aprenden a confiar en si mismos, se forman en la cultura y sobretodo ganan valores para enfrentar su propia vida, muchas veces dentro de realidades difíciles. Les da la oportunidad de desarrollarse en la música y en el canto, ámbitos que están lejos de su alcance.

En lo personal lo mejor al trabajar con ellos, es alegrarse cada día con sus logros, con su compromiso con el coro, ver como las familias se involucran en su formación y sobretodo compartir con ellos su alegría luego de cada concierto. Me enseñó que el tiempo que les daba, por muy pequeño que fuera, me era recompensado con todo el cariño que me daban y con la felicidad que experimentaban con cada una de mis visitas."

 

LURELI REBAZA, 17 años, 1er Semestre Psicología, Universidad de Lima

Voluntaria desde el 2009.

“La invitación a ser parte de Semillas surgió de una manera inesperada pero precisa, pues en esa época no llevaba una vida tan organizada ni mucho menos llena de actividades, y el hecho de que me arriesgue a dedicarle tiempo a momentos que se volvieron tan especiales, le dio un increíble giro a mi vida. Cuando empecé a ser voluntaria, ya tenía en claro que quería estudiar Psicología, pero si me preguntaban el por qué, no sabía dar una respuesta fundamentada. El punto es que aquellas dudas se resolvieron al primer instante en que uno de los niños "semillita" fijó sus dulces ojos en los míos. Su sonrisa me impulsaba a ser perseverante. No digo que todo haya sido así de sencillo, ya que tuve que enfrentar varios percances, pues yo iba al colegio, y esto hacía que mi vida se tornara muy agitada. Tuve que aprender a ordenarme más, llevando un horario fijo... ¡y una agenda! Estos medios me ayudaron a continuar, todo por aquellos niños; y sobre todo lo hacía por el Señor, que me daba la fuerza necesaria para seguir.

"Semillas de Esperanza" me enseñó a conocer mis limitaciones y además a desplegar los dones que iba encontrando ¡como el saber que podía cantar! Me enseña a amar día a día, entregándolo TODO sin esperar recompensa alguna; así como nos dice Jesús.”

 
 
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